Mamá China tenia en sus manos un tesoro que había recorrido miles de kilómetros. La verdad es que estaba bastante maltrecho tras el largo viaje de Manila a Méjico, en un desierto de medio de la nada... Como si de un amuleto se tratara, se lo metió en el bolsillo y decidió ir a casa del chamán Karzú. En lo alto de una pequeña y pelada colina polvorienta vivía el viejo brujo octogenario, en una chabola de veinte metros cuadrados llena de regalos hechos por los peregrinos y desesperados llegados de todo el país: patas de gallo momificadas, postalitas de la vírgen de Guadalupe, minialtares del Cristo Decapitado, dibujos ininteligibles de niños, mechones de pelo... Mama China llamó a la puerta dispuesta a completar el "museo" con el miembro que tenía entre manos. Sin mediar palabra entró, y se postró ante el brujo, que estaba
tomando el desayuno, a base de pan nadando en un bol de cola-cao. "Tome, sabio Karzú, guía de la almas perdidas que buscan la luz". El chamán tomó ese colgajo, que tras el preceptivo rigor mortis había decaído bastante, convirtiéndose en un masa flácida informe... "Muchas gracias Lupita... vuestras ofrendas son mi luz, y mi luz es vuestra salvación... Infinitas gracias"... El Chamán siguió sorbiendo, estruendosamente, las sopas de cola-cao. Se le ocurrió una brillante idea: con una pequeña bomba para animar las aguas de un pesebre podría levantar aquel colgajo... Solo tenía que esconderla y hacer que el cable recorriera todo el artilugio para animarlo con si por arte divino... .Lupita salió de la casa y bajó la colina para volver al trabajo... Tanto misticismo concentrado en la chabola la perturbaba... Rodeada de tanto vicio y malas vibraciones no podía soportar los refugios llenos de paz...
